
A principios del siglo XX, una de las atracciones imprescindibles de todos los circos norteamericanos que se preciaran eran los freakshows, barracas donde se exhibían seres humanos con alguna clase de malformación, también llamados sideshows, porque los freaks (o fenómenos) solían mostrarse unos al lado de otros. En esta clase de espectáculos podían encontrarse enanos, gigantes, siameses, hermafroditas, albinos, mujeres barbudas, personas sin brazos o piernas o con más extremidades de lo normal, personas extremadamente obesas o extremadamente delgadas, con pechos adicionales o genitales inusualmente grandes, portadores de gemelos parásitos que sobresalían grotescamente de sus cuerpos o pinheads de cabezas diminutas.